sábado , 20 abril 2019
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LAS JOYAS DE LA BAYER: “FÚTBOL ARGENTINO”

En el siglo VI a. C., el poeta y filósofo griego Jenófanes, en oposición a la tradición clásica que postulaba dioses antropomórficos, propuso una versión inédita de Dios: un Dios redondo, Dios como una esfera eterna. También Platón diría que la esfera es la figura perfecta, dada su uniformidad y carencia de aristas, forma singular en la que todos los puntos de la superficie equidistan del centro. Veinticinco siglos después de que Jenófanes inventara un dios redondo, la humanidad le daría forma a un nuevo deporte, una nueva religión, un nuevo dios: el fútbol. La forma de ese dios sería, curiosamente, la misma: redonda.

Es cosa sabida que el fútbol (tal como lo conocemos actualmente, más allá de sus antecesores) lo inventaron los ingleses. Y fueron esos mismos ingleses los que lo trajeron al Río de La Plata a fines del siglo XIX. “Fútbol argentino”, de nuestro querido y admirado Osvaldo Bayer, cuenta la historia de ese fútbol, el que creció y prosperó de este lado del Atlántico, al sur del continente. “Fútbol argentino. Pasión y gloria de nuestro deporte más popular” es el título completo de la obra.

En el prólogo, titulado “Fútbol, esa pasión de inocente apariencia…”, otro Osvaldo, Soriano, comienza diciendo: “Osvaldo Bayer ha iluminado como pocos el conocimiento de la historia de los argentinos”. Y agrega: “No es otro Bayer éste del fútbol; es el mismo que ha comprometido su vida y su obra para que los argentinos conozcan la verdadera historia, tan ajetreada y deformada.”

En “Palabras necesarias”, Osvaldo Bayer cuenta la historia del texto. En enero de 1989, Lila Stantic, de la productora cinematográfica GEA, lo llama a Berlín para proponerle la escritura de un guión para un documental sobre la historia del fútbol argentino. Luego de rechazar inicialmente la propuesta, Bayer termina aceptando. Se pregunta en voz alta: “¿Por qué el fútbol no puede ser tema para un historiador, para un sociólogo, para un politólogo? ¿Acaso no es parte de la vida misma ese extraño y mágico influjo ejercido por veintidós jugadores y una pelota, sobre el mundo entero?¿No es tan importante tratar de llegar a desmenuzar el porqué de ese imán que analizar tal o cual ideología política o los efectos de alguna corriente religiosa o científica en los pueblos?”.

El film finalmente se estrenó en 1990. El libro, publicado por Editorial Sudamericana ese mismo año (y reeditado recientemente por Planeta), es la adaptación de ese guión original. Los catorce capítulos que lo componen van desde aquel 20 de junio de 1867, cuando en el coqueto Buenos Aires Críquet Club se disputó el primer partido de fútbol en nuestro país, hasta el glorioso 29 de junio de 1986 (exactamente 119 años y 9 días después), cuando la Argentina se consagra por segunda vez campeona del mundo, de la mano de un excelso Diego Armando Maradona.

Osvaldo Bayer no sólo hace foco en el fútbol. Va iluminando escenas de la historia argentina alrededor de la fundación de aquellos primeros equipos, analiza la semblanza de cada club, sus raigambres y filiaciones, los clasifica entre agnósticos y creyentes, proletarios y bacanes. Como es de suponer, proliferan las formaciones “de memoria” de los históricos campeones: el Alumni de los hermanos Brown; el viejo Rácing de Olázar (“primer caudillo del pasto porteño”), Marcovecchio, Hospital y Perinetti; el Boca de aquella gira inolvidable por Europa en 1925 y el primer campeón profesional con la delantera de Nardini, Tarascone,Varallo, Cherro y Alberico; la archifamosa “Máquina” riverplatense, de Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau; los “Forzosos de Almagro”, nacidos detrás de la capilla de San Antonio, que luego pasaron a llamarse “San Lorenzo” y que fueron campeones absolutos de la Asociación en 1927; y el otro grande de Avellaneda, de nombre libertario, Independiente, llamado así por los cadetes y empleados argentinos de una gran tienda inglesa que no les permitía integrar el equipo titular de la firma.

Osvaldo Bayer era hincha fanático de Rosario Central. La biblioteca del Club lleva su nombre. Tiene el privilegio de ser uno de los cuatro hinchas canallas más ilustres: su retrato está junto a los del Che Guevara, Roberto Fontanarrosa y el Negro Olmedo. Por eso, párrafo de  especial interés es el del Nacional de 1971, cuando la Academia de Rosario se consagra campeón. “Por fin, el fútbol del interior dice: aquí estoy yo”, festeja Osvaldo. Y sigue: “La gloriosa divisa de Rosario Central se clasifica campeona. Los simpáticos “canallas” dan la vuelta olímpica. Tantos años pospuestos por malos arbitrajes, por la desventaja de jugar la mitad de los partidos fuera de su ciudad. Ese fútbol rosarino que había dado su veta inextinguible de sangre joven a los cuadros grandes de la Capital Federal logró lo que siempre mereció. Ser alguna vez el rey”.

La pugna de los equipos chicos por igualar y alguna vez siquiera derrotar a los poderosos y la lucha de los pequeños clubes por la mera supervivencia es una de las constantes en el transcurso del texto.

Una multitud de hechos futbolísticos que hemos visto, escuchado y memorizado a lo largo de nuestras vidas caben en las 160 páginas de “Fútbol argentino: las dos finales rioplatenses Argentina-Uruguay de los Juegos Olímpicos de Amsterdan 1929 y del Primer Mundial en Uruguay en 1930 (con sendas victorias charrúas); la huelga de los jugadores en 1948; el gol de Grillo a los ingleses; la expulsión del Rattín contra Inglaterra en el mundial del ’66; la Argentina campeona en el mundial de 1978 en pleno proceso militar (“el triunfo triste”, lo titula Bayer); las apiladas y los goles memorables, superiores, criollísimos (como los definió “Negro” Dolina) de Diego en el Mundial de México 1986.

“Hacía falta un buen libro sobre el fútbol argentino y acá está, por fin”, anuncia en el prólogo el hincha cuervo Osvaldo Soriano. Bayer, por su parte, postula esta doble lectura: “Quien haya visto o vea Fútbol argentino podrá comparar entre la realidad de un guión y la producción cinematográfica. Entre la ilusión del guionista y la realidad del material cinematográfico”. Y arriesga esta última definición: “La palabra -con la publicación de este libro- sirve para fijar el recuerdo y hacer remontar vuelo nuevamente a las imágenes que se van borrando. De todo esto, en su conjunto, tal vez sólo quede la poesía que contiene la realidad”.

Unos de los 120 versos que han sobrevivido de la obra de Jenófanes (mencionado al inicio de esta reseña) nos dicen que si las vacas y los caballos tuvieran manos y pudieran dibujar, las vacas dibujarían dioses que se parecieran a las vacas y los dioses dibujarían dioses que se parecieran a los caballos. Parejamente, todos nosotros, amantes del fútbol desde que venimos a este mundo, erigimos a los máximos exponentes de este deporte como nuestros ídolos y dioses. Y construimos a su alrededor complejas cosmogonías, mitologías pasionales y contradictorias que muchas veces se sostienen solo con el auxilio de la fe.

“Fútbol argentino”, de Osvaldo Bayer explora la superficie y las profundidades de esa fe. Es una rara avis (por la temática, por el género) en la obra de un hombre que ha logrado acaso como nadie percibir e interpretar los conflictos y pasiones populares y secretas.

 

Por Diego Rodríguez Reis

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